viernes, 7 de septiembre de 2007

Añoro mi Infancia

Fotografia
Anibal Mercado
Uribia-guajira 1993. Ahora en mi vida de adulto, añoro con mucha nostalgia los momentos maravillosos de mi infancia. Aquellos momentos cuando aún mi corazón no era perturbado por el dolor ni por los pesares. Aquellos momentos: cuando solía pasear por la sabana y contemplaba con curiosidad; como brotaban las vegetaciones, alzando con sus delicados hombros el estiércol del chivo en busca del calor de la luz del sol. Momentos maravillosos y fascinantes, eran aquellas horas cuando me veía en la magia de la belleza de mi tierra. Me creía ser, el ser más amado en el mundo; quizás como aquel hombre que tuvo por templo un jardín y que era guardado bajo la luz delicada del amor. Así me sentía en aquellos momentos. Para mí todo era nuevo, todo era maravilloso, era feliz caminando entre las sombras de trupillos florecientes, cuando el sol dejaba brotar su luz con todos sus encantos. Corría detrás de aquellos insectos que abundaban en épocas de invierno y los conocía con el nombre de- wakawa[1]-. Les hacía un corral en miniatura y los encerraba y empezaba a pastorearlos como si fueran chivos, eran tal mis juguetes que la misma naturaleza de mi tierra me ofrecía. Mientras avanzaba la mañana llegaba una suave y olorosa brisa que recorría toda la sabana, cuando los reyes guajiros, los cardenales, las palguaratas y los turpiales, dejaban oír sus cantos con sus prestiosas gargantas y los arrullos de las palomitas silvestres se dejaban oír de lejos como cánticos de jovencitas enamoradas. No había mas otro ruido que los cantos de las aves, era un ambiente sano, puro y hermoso. Era así el escenario de mi infancia, lugares que hoy están destruidos y que aún en sus ruinas guardan esos recuerdos dorados de mi infancia, que aun bajo los aceites de las maquinas aun conservan la huellas infantiles de mis pies.

Se veían las crestas del sol en los atardeceres marinos: como un pincel de un artista moverse, creando imágenes que solo ellas son capaces de hacer. Así eran los espectáculos de los atardeceres, antes que llegara la noche con sus millares de luces titilantes.

Cada amanecer era otra oportunidad de contemplar los despertares mágicos de mi tierra. Era precioso: desde el corrar de los chivos, observaba; que la misma luz se coqueteaba al dejar caer sus encantos luminosos, al bajarse de las regiones infinitas del firmamento.
Ahora en mi vida de adulto solo vivo las fantasías de mis recuerdos infantes, ya no puedo ser feliz, en medio de tanta miseria.
Ya se fueron aquellos momentos mágicos. Aquellos momentos maravillosos. Ya no puedo sonreír al mirar a los ojos de mi abuela. Ya no me dicen nada, solo en ellas se refleja el hambre demoledor. Ya mi abuela, no se dedica enseñar los tejidos que contienen el conocimiento de sus ancestros, a sus nietas. Solo ahora se dedica a pedir desperdicios en la calle. Muchas veces no consigue nada, es cuando echa en sus hombros sus saquitos de carbón, pero muchas veces recibe insulto de aquellos que se llaman civilizados, por que creen que es una loca, cuando la miran con su rostro llena de arena y su frente arrugada manchada de carbón.
(Te llamas Guajira y te Amo. Rafael Mercado. 2006)


Te quiero

Te quiero, por que tus labios
Guardan la dulzura de mi ser.

Te quiero, por que con tus lagrimas
Ahuyentas mi dolor que me deja la vida.

Te quiero, por me ayudas a comprender
El canto de las gotas de la lluvia
Y sus gritos cuando se chocan
Con las piedras espumosas de la playa
En una noche oscura.

Te quiero, por que te asombras ante un paisaje virgen
Y ante la magia de una nube solitaria
Que viaja en una noche plateada.

Te quiero, por que veo en tus pupilas
Tatuado como una flor de pétalos titilantes
El amor que sientes por mí.
(Te llamas Guajira y te Amo. Rafael Mercado. 2006)


[1] Saltamontes migratorios.

domingo, 2 de septiembre de 2007







Tu Ciudad bulliciosa
Amor mío
Cuando oigas una voz que susurra
entre las alas del viento frío de tu ciudad
ese es el suspiro de mi corazón cada vez que me acuerdo de ti.
Si oyeras como una voz vaga en las noches frías y silenciosas
esa es la voz melancólica de mi amor
que la misma noche te raído desde lejos.
Quizás en tus noches
veas llegar a un turpial en tu ventana
y miraras que sus plumas están llenas de luces
¡no te sorprendas amor mío!
esos son los rayos de la luna
que te lleva para adornar tus sueños en tu cálido lecho.
Al despertarte miraras como gotas de lágrimas en tu cálido lecho
esas son las huellas del rocío
que también llegó a contemplarte entre tus sueños
y oyeras entre el rugir de las calles de tu ciudad
un silbido suave y armonioso
ese es el turpial que se está despidiendo de ti
alejándose presuroso del desorden y bulliciosos de tu ciudad.

Y cuando eso suceda, se que recordaras esas noches
cuando el silencio se dejaba sentir en un instante
y contemplábamos como llegaba el viento
encantado en acariciar las hojas de los árboles majestuosos.

Veíamos algo que se movía bajos sus sombras oscuras.
Tal vez –pensábamos- sean fantasmas antiguos
de guerreros indígenas y conquistadores.
Igual veíamos pasear el miedo por las calles
ambulando con su cara manchada de espanto, sus ojos oscuros y llorosos.
El viento susurraba entre las hojas de los árboles
con nuestros oídos torpes adivinábamos
si se asemejaba a una voz melodiosa
pero era más como una voz suplicante
semejante a la de un cementerio abandonado.
Sí, es el llanto de la tristeza.
No, es el llanto del viento.
Llora por las llagas que lleva bajos sus alas
causadas por los humos de esta ciudad –concluíamos-.

Ahora desde aquí, bajo la belleza de esta luna plateada
añoro esos momentos: me hace falta el miedo.
(Te llamas Guajira y te Amo, 2006.Rafael Mercado Epieyu)


Tü pumainkat keke´eratkat
Tamürajüinche
Wanasüma papüin ekiisa sheje´je´rai
Sa´kapüna sütüna tü jo´utaikat chaya pumainpa´a
Türa shia wanasümaa sanalain ta´in epünale sotuin ta´in pia.
Müinka paapüle wane ekiisa warai sa´in sümüle müin
Sa´u tü aikka samatüsükat süma maintüin
Shia shikiisa mojumajatkat a´in süma alin pia tapüla
Shia tü süntiralakat sawai wattajee müin.
Müinka pirui wane ului sulu´upüna sanajüle pia
Pirakataalejee sümüin chuatüin noi
¡nojot patatüin pia, tamürajuinche¡
Türa shia nüchuwala kashi
Sa´nasiainjatü pülapüin sulu´u tuttachonkat pu´ula.
Püchijirapa pirale sümüin wane ma´aka sa´in awuira
Sulu´u tü tuttachonkat pu´ula
Shia suichiki tü samatüsükat antüsü sünain e´ra pia sünai atunka.
Papüle sa¨kapüna sümülaira süpüno´u pumain
Wane wiira jiettachonsü süma anain
Türa nia chi uluikai apütashi püla
Süma nüpantajain sa´kajee shike´era pumain.

Wanasüma sülatüin tia
Tatüja a´ulu soteerüin pa´in tü sawaikalüirua
Wanasüma tü maintüsükat süntapünain motso´o
Werapüin tü süntiakat tü jo´utaikat
Talatüin shia sünain amüleja´ süpana tü wunu´u müleyukat.

Werapüin sa´in sukutulain
Supuna tü shiolojo piushikat.
Shiata shiolojo wayuu jee alijuna akkatnu sümainwa.
Werapüin sülatüin sulu´upüna süpüna pumain tü moluukat
Lütshisü so´u jee kerepitain.
Je´je´rasü tü jo´utaikat sa´kapüna süpana tü wunu´u müleuyukat
Müsükasa´in wane amüralu´u anachonsü
-mataashi waya-
Meematüsü wane sa´in amüralu´u shialajüin
Ma´kasain wane aamaka apütünüirüin
aa, shia shi´ira tü mojuukalü a´in
nojo, shia shi´ira tú jo´utaikat
ayalajüsü saalin shioolin sütüna
sutuma sükalira tü mapa´akat
-watashi waya-

Joolu´u yaajee, suupuna na´anasiashe chi kashikai
Sotusu ta´in tia wakuaipakat
Choujasü tamüin tü moolukat.
(Te llamas Guajira y te Amo, 2006. Rafael Mercado Epieyu)


Quisiera.

Quisiera depositar la esencia de mi amor
En los poros de tu cuerpo.
Quisiera cultivarte
Un jardín único y hermoso.
Quisiera con mis labios escribir en los tuyos
Un verso virgen de besos.
Quisiera cultivarte el jardín
Escribir el verso virgen
Y con ellos
Adornar tus sentimientos de mujer wayuu.
Quisiera que el tierno destello
De la belleza misma de tu alma
Esa belleza salvaje
Herencia ancestral indígena
Adornen
Las maravillosas luces
De las constelaciones de mi pensar.
(Te llamas Guajira y te Amo, 2006. Rafael Mercado Epieyu)



Soy indígena

Soy el indígena que sufre con valor
La áspera soledad de mi destino.

Soy el guerrero
Que batalla entre el hambre y la abundancia.

Soy aquel que aclama ayuda
Con hipócrita sonrisa soy engañado.

Soy el que surge
Entre las huellas polvorientas de la miseria
Que se levanta arrogante y altivo.

(Flamenco y Mar, Poemas del alma. 2002. Rafael Mercado Epieyu).









Aquel amanecer.

Recuerdo aquel amanecer
Aquel amanecer lleno de murmullos
Cobijado con un manto de mil capullos de estrellas
Como mudas lejanas centellas
Rayaba el firmamento las fugaces estrellas.

Aquel amanecer pude sentir el dulce aroma de tu boca
El beso helado de tus labios y la ternura de tus senos
Imprimirse en mi pecho.
Mi lengua se humedeció con el exquisito néctar de tus labios
Y entre mis brazos caíste adormecida de amor.

Ya en el oriente la hermosa aurora se pintaba
El reflejo de su pudorosa sonrisa
Y entre dulces y maravillosos cánticos el sol se levantaba de su lecho.
Tal vez por encanto, la reluciente mirada del mismo sol
A chorros se derramaron al vernos y las hojas de los árboles brillaron como la cristalina belleza de un manantial.

Recuerdo aquel amanecer
Cuando el sol y la naturaleza sintieron envidia
Porque amaneció y nos sorprendió
Adormecidos en el espeso jardín del amor.

(Flamenco y Mar, Poemas del alma. Rafael Mercado Epieyu. 2002)




















Soy el retoño.

Soy el retoño de la raza más valiente
Que nunca fue vencida y jamás se dejaría vencer.

Soy detestado y aborrecido por el rico civilizado
Que es un malvado ladrón.

Y soy un batallador que soporta con valor
El látigo de su civilización.

Soy el retoño de esta raza valiente
De grandes caciques guerreros.

Aquí medito y lucho como mártir gladiador
En mi tierra violada, donde ha florecido el odio y el rencor.
Aquí batallo por mí existir bajo este ambiente corrupto.
Soy el indio wayuu.

(Poemas NATIVO. Rafael Mercado Epieyu. 2003)



Una triste historia.

Una triste historia llena de llantos
Llantos que vagan en el vacío del silencio.

Lagrimas que se derraman y se mezclan con la sangre
Formando un río caudaloso de llanto y de dolor.

Una triste historia hecha de odio, tejida con el puñal
Creada baja la inspiración de la violencia.

Una triste historia en este mar de llagas
Donde navegan las vidas de crueles hombres
Voltean el cañón y masacran a sus hermanos
Es una triste historia que hieres a mi alma y sangra a mi corazón.

Es una triste historia de los campos muertos
Y de los paisajes marchitos
De las llanuras sin verdor y sin criatura
Sólo el viento se mueve borrando las huellas
De lo que fue una vez belleza y amor.

(Flamenco y Mar, Poemas del alma. Rafael Mercado Epieyu. 2002)